viernes, 16 de diciembre de 2016

EL ÁRBOL DE LOS DESEOS




¡Si tuviéramos la paciencia de la oruga que espera en su capullo con calma a convertirse en mariposa! O ¡si pudiéramos soltar y dejar ir lo que quisiéramos con la misma sabiduría de la hoja que cae en otoño! probablemente, todo sería mucho más fácil para nosotros.  Pero son tantas las cosas que queremos que sean diferentes... 

Eline Snell, experta en emociones infantiles, considera que los deseos son importantes pero también nos responde a ¿Cómo podemos enfrentarlos sin quedarnos enganchados en aquello que tanto queremos?

En primer lugar, debemos hacerles ver que para hacer realidad cualquier deseo lo primero es esforzarse por conseguirlo. El esfuerzo es el primer punto de partida y muchas veces podemos llegar a esa meta si actuamos pero ¿Que hacemos con los sueños que están fuera de nuestra influencia? como curar rápidamente una enfermedad o estar más tiempo con alguien que tiene que irse. 

 Aunque la realidad no pueda ser diferente, lo que sí puedes cambiar es tu comportamiento con respecto a la situación.

Mi mirada interior

Todos tenemos capacidad para ver imágenes cuando cerramos los ojos. Pueden ser imágenes sueltas o película enteras!! Todas estas imágenes las creamos nosotros mismos gracias al talento de nuestra mente. Las llamamos visualizaciones. Normalmente estas imágenes mentales hacen visibles cualidades escondidas. Ellas no van a resolver las cosas, no son varitas mágicas, pero pueden ayudarnos a conocer aquello que está dentro de nosotros.



Al preguntar a los niños sobre sus deseos normalmente cuentan historias conmovedoras. Una forma de ayudarlos a exteriorizar todos estos anhelos es a través de una antigua y hermosa visualización en la que los niños aprenden a conocer la paciencia, la confianza y la capacidad de soltar. Hace visibles sus deseos y les enseña a confiar en los cambios tomando contacto con su capacidad innata para dejar ir las cosas. 

Tanto si eres profe, mamá o papá; te recomiendo que uses esta historia para favorecer la fluidez de los sueños. Sentado o estirado en el suelo, pide al niño que cierre los ojos y simplemente imagine.

El árbol de los deseos


Siéntate cómodamente, con la espalda bien recta. Cierra los ojos o entórrnalos, como tu prefieras. Y ahora que estás sentado puedes darte cuenta de que estás respirando y de que tu respiración es algo muy especial. Te lleva al aquí y al ahora. Aquí, en donde ahora estás sentado. En este lugar. 

Permanece un momento con tu atención en la respiración. Tómate un tiempo necesario para sentir el familiar movimiento de tu respiración. La respiración entra y sale... una y otra vez.

Dirígete ahora a un hermosos lugar en plena naturaleza. Quizás se trata de un lugar en el que has estado alguna vez o de un lugar de fantasía. Tómate un momento para ver dónde estás ahora. En este lugar te encuentras muy agusto, tranquilo. Tienes una vista magnífica, puedes ver hasta la lejanía sin ningún esfuerzo. ¿Qué es lo que ves? Si miras bien, verás que a lo lejos hay un viejo árbol. Ve hacia él. Es un árbol hermosos y centenario. Es un árbol muy especial.
Se trata del árbol de los deseos y tiene más de 100 años. Es grande y fuerte, con un tronco muy grueso, sus ramas anchas y abiertas, están repletas de hojitas de un verde nuevo y primaveral. Si te fijas bien, verás que en las ramas del árbol hay unas palomas blancas. Unas están muy juntitas, otras más distantes. Hay muchas. Cada paloma puede cumplir uno de tus deseos. No ahora mismo, sino cuando llegue el momento oportuno. No todos ellos, sino aquellos que procedan realmente de tu corazón y que para ti son muy importantes. Cada vez un deseo. 

Tómate ahora todo el tiempo que necesites para que desde tu corazón aflore un deseo. No necesitas pensar en él, limítate a esperar tranquilamente a que este se manifieste por sí mismo. También puede ser un sentimiento o una idea. Puede ser algo de lo que nunca hayas hablado con nadie. ¿Qué es lo que se te viene a la cabeza? Si ya lo sabes, puedes llamar muy bajito a una de las palomas, sin que nadie más te oiga. Deja que se pose en tu mano y acércala a tu corazón para que sepa cual es ese deseo ferviente. 

Dale tu deseo a la paloma y abriendo la mano suéltala y déjala ir. Observa como se aleja volando, más o menos lejos. Va de camino a cumplir tu deseo. No hoy o mañana, posiblemente tampoco la próxima semana. pero confía en que siempre hay algo que puede cambiar. No siempre será exactamente como tú querías, ni quizás las cosas suceden tan rápidamente como desearías. Pero confía y deja ir ese deseo y las imágenes que vengan con él.
Poco a poco, abre nuevamente los ojos y quédate sentado unos instantes.

2 comentarios:

  1. Gracias por la entrada. Muy interesante. Un saludo.

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  2. Gracias, es verdad que los peques tienen que aprender a "sacar" hacia afuera sus deseos, sus ideas, todo el potencial que tienen de forma innata, como se comentaba. Me parece una fórmula muy bonita y efectiva de hacerlo. Gracias por enseñarnos a encontrar estos momentos de tranquilidad. Son tesoros en esta vorágine cotidiana en la que vivimos. Un saludo y feliz Navidad de parte de la familia de Xaquín

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