viernes, 1 de diciembre de 2017

EL EXPERIMENTO DEL LIMÓN



Cuando practicamos mindfulness desarrollamos la habilidad de anclar nuestra atención. Según Germer en su libro "The mindful Path to Self-Compassion"  la mayor parte de nuestro sufrimiento psicológico surge a raíz de la dispersión mental, que resulta agotadora. Cuando nos damos cuanta de que la mente está actuando de este modo, debemos proporcionarle un punto de anclaje, un lugar fijo y neutral al que poder dirigirse. 

Usar técnicas para aquietar la mente es una excelente fórmula para regular las emociones fuertes. Una práctica para conseguir esta meta es usar la botella de la calma para ir reduciendo los pensamientos repetitivos mientras observamos como el agua se vuelve más y más clara (como nuestra mente). Otra opción podría ser usar la respiración para calmar el sistema nervioso de forma natural intentando producir conscientemente una exhalación más larga que la inhalación, por ejemplo, inhalar en 2 y exhalar en 4.


Según Susan Kaiser, experta en mindfulness para niñ@s, las prácticas para aquietar la mente no sirven si las niñ@s no comprenden la conexión entre lo que piensan y lo que sienten. El experimento del limón es maravilloso para descubrir esta conexión y darse cuenta del poder sensorial que tiene evocar imágenes y pensamientos.

Experimento del limón: mente-cuerpo

Recomendado para niñ@s a partir de 7 años

Espacio: Sentados en el suelo con las piernas cruzadas formando un círculo o sentados en sillas. (espalda recta y manos sobre las piernas o encima de las mesas)

Paso a paso: 

  1. Hipótesis: Antes de realizar el experimento habla con las niñ@s y plantéales las siguientes preguntas ¿Creeis que los pensamientos pueden afectar a nuestras sensaciones corporales? ¿Creeis que nuestras emociones modifican el estado de nuestro cuerpo? ¿Podríamos vivir un enfado con una sonrisa en la cara? ¿Y al revés? ¿Crees que una emoción genera determinados pensamientos? 
  2. Preparación: antes de comenzar con el experimento es necesaria una preparación. Para ello, colocar un cuerpo atento (relajado, quieto y vigilante) y dedicar unos minutos (1-3 min) a respirar profundo y soltar todas las tensiones. Invítales a llevar la atención a todas las sensaciones de su cuerpo intentando aflojar más y más pero sin dejar de mantener la espalda recta.
  3. El limón: Cuando sientas que las niñ@s han conseguido alcanzar un nivel de concentración y relajación suficiente, pídeles que imaginen, con los ojos cerrados, un limón. Se trata de intentar observar todas las características del limón: color, textura, tamaño... Después de un breve tiempo, pídeles que imaginen que cortan el limón por la mitad y ayúdales para que sean capaces de observar mentalmente las cualidades del limón por dentro: el dibujo simétrico de los gajos, el color, el jugo...
  4. Experimento: ahora pídeles que cojan el limón mentalmente y le den un buen mordisco. Quizás pueden empezar saboreándolo con la lengua pero anímales para que imaginen que lo muerden como si fuera una manzana.
  5. Reflexión: Ahora pídeles que lleven la atención a su cuerpo. ¿Ha cambiado algo mientras imaginaban que mordían el limón? ¿Han notado tensión, grima, la acidez del limón? ¿Han producido saliva en su boca? Deja unos segundos para que tomen contacto de nuevo con las sensaciones corporales de ese momento.
  6. Conclusión: antes de terminar explícales que el cuerpo y la mente están conectados y todo aquello que le sucede a uno tiene su reflejo y consecuencia en la otra. Igual que un pensamiento positivo nos llena de energía vital, un pensamiento negativo nos puede aislar e incluso vaciar del todo. Es muy importante cuidar nuestros pensamientos y nuestro cuerpo. ¿Cual es nuestro alimento emocional? 
  7. Desconexión: invítales a que vayan moviendo suavemente los dedos de las manos y abran los ojos cuando se sientan preparados. 

Práctica inspirada en el libro "Juegos mindfulness" de Susan Kaiser
¿Te animas a hacer este experimento?

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